Robaron sus fotos intimas y vivió un mal momento: tres años después, el terror se multiplicó de la peor manera

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Camila Segli es una joven mujer que sufrió de haber sido expuesta publicamente, ya que se filtraron unas fotos íntimas de ella, no solo una vez, sino dos veces.

Segli era una estudiante argentina de tan solo 16 años cuando escuchó por primera vez el rumor de que habían fotos de ella desnuda corriendo por los teléfonos de su escuela. En ese momento Camila comenzó a angustiarse, ya que temía que su reputación fuera a mancharse.

“En las fotos de contenido sexual, si bien se veía el cuerpo de la otra persona, sólo a mí se me veía la cara. Era yo la que estaba expuesta”, cuenta Camila en una entrevista a Infobae, donde aseguró que había imágenes sexuales que se había tomado con su ex novio y otras que él le había sacado sin su permiso.

Camila fue a hablar con su ex novio, no para culparlo, sino por otras razones: “La hipótesis, según decían todos, era que un amigo de él le había sacado el teléfono, se había hecho pasar por él y había mandado las fotos”.

“En vez de ayudarme, sólo causó más problemas, porque yo no quería estar expuesta y lo que él hizo fue buscar a uno por uno y querer darle su merecido. A todos, a quien le había robado las fotos y a quienes las habían compartido”, comenta Camila al expresar que su ex no fue de ayuda para la situación.

“Las fotos habían llegado a mucha gente, también de mi entorno personal, por lo que sentía una vergüenza enorme. También sentía una gran decepción por esos amigos que me habían traicionado, que habían pasado mucho tiempo sin decirme lo que estaba pasando o habían compartido las fotos. No era sólo la vergüenza, era la confianza destruida”, aseveró a Camila al decir que este problema se volvió un infierno para ella.

La segunda vez que le sucedió algo así a Camila fue en el año 2020 antes de la pandemia. “El primer mensaje que recibí fue mientras iba a inscribirme a la facultad. Lo recibí yo y lo recibió mi novio. Parecía de esos mensajes de una cuenta falsa, de esos que uno no abre. Decía ‘tengo tal cosa’. Parecía un spam, así que le dije ‘no le des bola«, cuenta Camila.

Sin embargo, la situación fue empeorando ya que el siguiente mensaje que le llegó a Camila fue una foto de ella con su novio de aquel momento, pero era una foto cotidiana, nada sexual. “Era la forma de decirme ‘de esto te estoy hablando, por si no entendiste’. Decía que había encontrado una tarjeta SIM y tenía muchas fotos mías, y ahí me di cuenta de que estaba pasando algo malo, otra vez. Todo el dolor que yo creí que había superado, volvió”.

“Fue terrible, empecé a tener muchas crisis de ansiedad, que es algo que le pasa a muchas víctimas. Pensaba sin parar ‘¿hasta dónde va a llegar?’, ‘¿hasta dónde voy a poder esconderlo esta vez?’, ‘¿qué es lo que va a suceder?’, ‘¿por qué me saqué esas fotos?’”, cuenta Camila.

A pesar del daño psicológico que sufrió Camila gracias a lo que se denomina como violencia digital, en muchos países de América Latina este tipos de actos nos castigados por la ley y quedan impunes. 

Redacción Gossipvzla y Fuente LaPatilla 

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